Sí, ya sé que estoy en crisis de los 30 y eso a veces me hace decir "en mis tiempos..." más frecuentemente de lo que me gustaría aceptar con Ustedes. Total que si no lo digo, exploto. Resulta ser que he observado con profunda tristeza y preocupación que a las nuevas generaciones las están educando con las patas en las escuelas y en sus casas porque ahora salen al mundo de verdad, ese que uno conoce a punta de chingadazos, sin el menor cúmulo de conocimientos básicos para establecer una comunicación con alguien un tanto... mayor en edad y en experiencias.
Recuerdo aún que cuando tenía 18 o 19 (¡Cuéntanos más abuelo Alex! @FinisimaPersona dixit) me causaba un poco de nerviosismo salir con los hombres de aquella época (que regularmente me llevaban 4 o 5 años) puesto que al hablar con ellos uno tenía que estar "al tiro" y saber de música, cine, teatro, libros y demás temas del momento si es que querías que tu primera cita prosperara de un acostón en su casa.
Dependiendo del fulano en cuestión era lo que me leía "por si acaso". Era muy interesante ver todo lo que aprendías de él o de sus amigos (¡Doble presión de quedar bien también con ellos y que no le dijeran "en serio ¿qué le viste?"!). Salí con muchos hipster de la época (término que no se había acuñado en México aún) y tener que estar rodeado de puro intelectualillo me ponía sumamente nervioso. Sí, creo que lo bueno de esas salidas fue el cúmulo de información de la que me hice para años venideros.
Ahora las cosas, en serio, han cambiado. Casualmente todavía no supero la maldición de la cosecha 90/91 (sí, chicos que nacieron en esos años. Dos de cada 3 cabrones que me gustan o a los que les gusto son de esos años... ¡plop!). Dicen algunos que "la edad no importa" y bla bla bla, lo que estos "genios de las relaciones" nunca saben es que particularmente los chavitos de 20 a 22 dan pena ajena. No generalizo, seguro hay alguno que escapa a la regla, no obstante, los ejemplares que me ha tocado tratar tienen una cultura general igual a la de Peña Nieto (saquen sus conclusiones). Hace poco a uno de ellos, en una plática de lo más casual, le comenté que quería pedir un libro en Amazon para mi inminente cumpleaños. Con cara de estupefacción me preguntó:
- "¿Qué es Amazon?"
Yo creo que me desmayé en ese momento porque no recuerdo mi reacción. Sólo me atreví a reprocharle que no cabía en mi cabeza que en plena segunda década del siglo XXI alguien que trae una BlackBerry en la mano (como él) no supiera qué carajos era Amazon. No puedo.
Y ejemplos como esos te podría enlistar en este momento lector. En mi pequeño mundito no cabe la idea de que no sepas de los acontecimientos más recientes, de los personajes, de la historia, de lo que está de moda... ¡No sé! CULTURA GENERAL. Otro ejemplo que me viene a la cabeza es que me pregunten cosas académicas... más cuando están estudiando la universidad (¿Qué les estás enseñando Tec de Monterrey?!).
Y de los hábitos de lectura o de la buena ortografía (que en parte se deriva de esto último), mejor ni hablemos. Es increíble que ahora sea EXTREMADAMENTE complejo entender la diferencia entre "hay", "ahí" y "ay" (o entre "ósea" y "o sea"). ¿Por qué la gente de menos de 25 pareciera que no ha terminado ni la primaria aún cuando presumen de un título universitario? De qué hablan en sus citas ¿de Lady Gaga?! El cine no es la excepción. Desde los 18 me he hecho fan del cine de arte y muy rara vez veo alguna película palomitera que esté en cartelera (sí, ver "Amanecer", "Jill y 'no-me-acuerdo-del-otro-puto-nombre" o "El Precio de Mañana" son cintas que preferiría no ver ni aunque me paguen por ello). Los jóvenes de ahora parecen impresionarse con cualquier cosa y no les interesa aprender nada nuevo.
Hay cosas que podría tolerar en un hombre (como que fume o que le guste Shakira, por ejemplo), pero la ignorancia en uno es ALGO QUE DEFINITIVAMENTE NO SOPORTO.
Al paso que voy, me quedaré soltero...

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada